Soy de Puebla, México y vengo de una familia muy humilde. Mi abuelo, Guadalupe Aguilar, era músico. Él tocaba varios instrumentos que hacía con sus propias manos usando madera. Por ejemplo, la chirimía, que es como un clarinete pero más pequeño; el tambor, que es un cilindro alto; la tarola, que es igual a la que tocan las bandas modernas; y también el violín. En México es una tradición tocar “Las Mañanitas” en las fiestas patronales y era mi abuelo y sus amigos quienes tocaban desde las seis de la mañana serenatas, música folclórica y música popular de sus tiempos, con los instrumentos que ellos mismos hacían. Mi sueño era aprender a tocar la batería y la guitarra, pero en ese tiempo no tuve la oportunidad por falta de recursos. Cuando mi hija Valeria tenía tres añitos, le compramos una guitarra de juguete y ella jugaba con la guitarra y la tocaba como si fuera un violín. Después de unos años, mi amiga Isa invitó a Valeria a cantar en un coro de niños y ahí fue donde conocimos a Angie Durrell. Ella nos habló de INTAKE, que ahora es INTEMPO, y nos invitó a ser parte de su gran sueño. Hoy día llevamos 12 años en INTEMPO. Yo me siento en las nubes cuando veo tocar a mis hijos Valeria y Gael. Nunca me imaginé que ellos podrían aprender a tocar el violín, porque es un instrumento muy difícil de tocar. A veces, cuando estamos en casa, así de la nada, sacan sus instrumentos y empiezan a tocar, y dices: ¡Wow! qué lindo es que practiquen sin que se les obligue. Como niños, hay veces que se cansan de la escuela y ya no quieren hacer nada, y me ha tocado llevarlos a sus clases sin ganas. Pero siempre les digo que tienen un compromiso con INTEMPO y que son obligaciones que deben cumplir. Además, les encanta ir y ver a sus amigos. Como papá, siempre los apoyo y trato de estar lo más que se pueda en sus actividades. A mí no me importa salirme del trabajo por estar con ellos en sus presentaciones. Siempre voy a estar con ellos y para ellos.
